sábado, 6 de marzo de 2010

Socialdemocracia, fin de ciclo (Ignacio Ramonet)


Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC España


Las ideas también mueren. El cementerio de los partidos políticos rebosa de tumbas en donde yacen los restos de organizaciones que otrora desataron pasiones, movieron a multitudes y hoy son pasto del olvido. ¿Quién se acuerda en Europa, por ejemplo, del Radicalismo? Una de las fuerzas políticas (de centro-izquierda) más importantes de la segunda mitad del siglo XIX, que los vientos de la historia se llevaron… ¿Qué fue del Anarquismo? ¿O del Comunismo estaliniano? ¿Qué se hicieron aquellos formidables movimientos populares capaces de movilizar a millones de campesinos y obreros? ¿Qué fueron sino devaneos?

Por sus propios abandonos, abjuraciones y renuncias, a la socialdemocracia europea le toca hoy verse arrastrada hacia el sepulcro… Su ciclo de vida parece acabarse. Y lo más incomprensible es que semejante perspectiva se produce en el momento en que el capitalismo ultraliberal atraviesa uno de sus peores momentos.

¿Por qué la socialdemocracia se muere, cuando el ultraliberalismo se halla en plena crisis? Sin duda porque, frente a tantas urgencias sociales, no ha sabido generar entusiasmo popular. Navega a tientas, sin brújula y sin teoría; da la impresión de estar averiada, con un aparato dirigente enclenque, sin organización ni ideario, sin doctrina ni orientación… Y sobre todo sin identidad: era una organización que debía hacer la revolución, y ha renegado de ese empeño; era un partido obrero, y hoy lo es de las clases medias urbanas acomodadas.

Las recientes elecciones han demostrado que la socialdemocracia europea ya no sabe dirigirse a los millones de electores víctimas de las brutalidades del mundo postindustrial engendrado por la globalización. Esas multitudes de obreros desechables, de neo-pobres de los suburbios, de mileuristas , de excluidos, de jubilados en plena edad activa, de jóvenes precarizados , de familias de clase media amenazadas por la miseria. Capas populares damnificadas por el shock neoliberal… Y para las cuales, la socialdemocracia no parece disponer de discurso ni de remedios.

Los resultados de las elecciones europeas de junio de 2009 demostraron su descalabro actual. La mayoría de los partidos de esa familia en el poder retrocedieron. Y los partidos en la oposición también recularon, particularmente en Francia y en Finlandia.

No supieron convencer de su capacidad para responder a los desafíos económicos y sociales planteados por el desastre del capitalismo financiero. Si faltaba un indicio para demostrar que los socialistas europeos son incapaces de proponer una política diferente de la que domina en el seno de la Unión Europea, esa prueba la dieron Gordon Brown y José Luis Rodríguez Zapatero cuando apoyaron la bochornosa elección a la Presidencia de la Comisión Europea del ultraliberal José Manuel Duraõ Barroso, el cuarto hombre de la Cumbre de las Azores…

En 2002, los socialdemócratas gobernaban en quince países de la Unión Europea. Hoy, a pesar de que la crisis financiera ha demostrado el impasse moral, social y ecológico del ultraliberalismo, ya sólo gobiernan en cinco Estados (España, Grecia, Hungría, Portugal y Reino Unido). No han sabido sacar provecho del descalabro neoliberal. Y los Gobiernos de tres de esos países -España, Grecia y Portugal, atacados por los mercados financieros y afectados por la “crisis de la deuda”- se hundirán en un descrédito e impopularidad aún mayores cuando empiecen a aplicar, con mano de hierro, los programas de austeridad y las políticas antipopulares exigidas por la lógica de la Unión Europea y sus principales cancerberos.

Repudiar sus propios fundamentos se ha vuelto habitual. Hace tiempo que la socialdemocracia europea decidió alentar las privatizaciones, estimular la reducción de los presupuestos del Estado a costa de los ciudadanos, tolerar las desigualdades, promover la prolongación de la edad de jubilación, practicar el desmantelamiento del sector público, a la vez que espoleaba las concentraciones y las fusiones de mega-empresas y que mimaba a los bancos. Lleva años aceptando, sin gran remordimiento, convertirse al social-liberalismo. Ha dejado de considerar como prioritarios algunos de los objetivos que formaban parte de su ADN ideológico. Por ejemplo: el pleno empleo, la defensa de las ventajas sociales adquiridas, el desarrollo de los servicios públicos o la erradicación de la miseria.

A finales del siglo XIX y hasta los años 1930, cada vez que el capitalismo dio un salto transformador, los socialdemócratas, casi siempre apoyados por las izquierdas y los sindicatos, aportaron respuestas originales y progresistas: sufragio universal, enseñanza gratuita para todos, derecho a un empleo, seguridad social, nacionalizaciones, Estado social, Estado de Bienestar… Esa imaginación política parece hoy agotada.

La socialdemocracia europea carece de nueva utopía social. En la mente de muchos de sus electores, hasta en los más modestos, el consumismo triunfa, así como el deseo de enriquecerse, de divertirse, de zambullirse en las abundancias, de ser feliz sin mala conciencia… Frente a ese hedonismo dominante, machacado en permanencia por la publicidad y los medios masivos de manipulación, los dirigentes socialdemócratas ya no se atreven a ir a contracorriente. Llegan incluso a convencerse de que no son los capitalistas los que se enriquecen con el esfuerzo de los proletarios, sino los pobres quienes se aprovechan de los impuestos pagados por los ricos… Piensan, como lo afirma el filósofo italiano Raffaele Simone, que “el socialismo sólo es posible cuando la desgracia sobrepasa en exceso a la dicha, cuando el sufrimiento rebasa con mucho el placer, y cuando el caos triunfa sobre las estructuras”.

Por eso quizá, y en contraste, está renaciendo hoy con tanta pujanza y tanta creatividad, un nuevo socialismo del siglo XXI en algunos países de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Venezuela). Mientras en Europa, a la socialdemocracia le llega su fin de ciclo.


Artículo publicado en Le Monde diplomatique.

jueves, 4 de marzo de 2010

¿Esto lo arreglamos entre todos?(Alberto Garzón Espinosa 28/02/10)




A estas alturas ya casi todos habrán visto la campaña "Esto sólo lo arreglamos entre todos", promovida por las Cámaras de Comercio. La campaña cuenta con el apoyo de numerosas personas del mundo del deporte y la televisión, entre otros, y tiene como objetivo instaurar en la población un mensaje de ánimo y optimismo frente a la situación actual. En su web se pueden encontrar diferentes vídeos en los que se anima al espectador a mirar a su alrededor con más alegría y menos pesimismo. Hay gran cantidad de mensajes de superación que abarcan tanto lo físico para buscar paralelismos -parapléjicos que buscan una integración cómoda- como directamente lo económico -pequeños empresarios que hacen grandes sacrificios en cuestión de tiempo y vida social-.

En mi opinión la campaña es suficientemente ingenua como para no prestarle atención. Sin embargo, de la preguntita de marras se deriva una idea que me parece interesante poner encima de la mesa una vez más: ese falso sentimiento de comunidad que aparece cuando llega una crisis económica. Es la misma idea que propugnan los ministros, empresarios y gobernadores de bancos centrales cuando llaman a "ajustarse el cinturón". Pero yo impugno esa idea: no todos tenemos la misma responsabilidad ni todos tenemos que contribuir de la misma forma a solucionar ni este ni cualquier otro problema económico.

La patronal tiene su lógica (Luis Solana el 4/03/10)

La idea de un contrato de trabajo sin cobertura social para los jóvenes, ha producido un rechazo mediático notable. Me parece lógico y aplaudo la respuesta espantada de casi todo el mundo. Digo de casi todo el mundo por una razón ¿pensais que la CEOE o el señor Díaz Ferrán se han vuelto locos? Me temo que no nos damos cuenta de lo importante que es entender el mercado y los controles del mercado. Sinceramente: la diferencia entre derechas e izquierdas está precisamente ahí.

Suponed que hay una cosecha impresionante de manzanas. Los precios de las manzanas bajarán en poco tiempo. Suponed que escasean las naranjas por las heladas de estos días. Los precios de las naranjas subirán. ¿Se quejará alguien? Alguien puede ser que sí, pero la opinión general, no.

Ahora tenemos una tremenda oferta de trabajadores en el paro. Como nunca. Y muchos, muy jóvenes o inmigrantes. A la vez, tenemos una demanda de empleo pequeña o muy especializada. Resultado: los salarios de los trabajadores sin empleo deberían bajar.

Vamos a ver si esto se entiende: esto pasa en términos de puro mercado. Por eso la CEOE (o Díaz Ferrán) ha hecho la propuesta que ha hecho, porque entiende y vive el mercado.

Pongámonos en la piel de la CEOE. Un empresario quiere contratar a unos trabajadores para pintar unas viviendas. Va a la cola del INEM y pregunta: ¿quereis empleo seis meses por 540 € al mes? Aquí ya no digo más y espero respuestas de gentes que están en la cola del INEM.

Pues eso es lo que ha pensado la CEOE (o el señor Díaz Ferrán): si muchos quieren trabajo y hay poca oferta de trabajo los salarios tienen que bajar.

No lo dudeis: si un desempleado de larga duración tiene la posibilidad de trabajar y cobrar un dinero, aceptará lo que sea para atender sus necesidades.

Y aquí entra en escena el Estado y la izquierda: o se corrige el mercado o podemos llegar hasta situaciones insospechadas de indefensión de un trabajador.

Ya se que duele que tengamos que pagar (por ejemplo) un IVA más alto dentro de poco, pero cuando lo pagueis, estareis dando dinero al Estado para que pueda seguir pagando algo a unos parados que -de lo contrario- se entusiasmarían con el mercado y se colocarían por lo que les quisieran pagar.

La esclavitud igual podría volver con una cierta lógica del mercado. Pensemos.

lunes, 1 de marzo de 2010

Los políticos no velan por la mayoría

Eduard Punset 21 Febrero 2010

¿Qué es lo que le importa a la inmensa mayoría? Su bienestar depende –es lo que sugieren los mejores estudios académicos– de poder ejercer un mínimo control sobre su vida y su trabajo. No el Gobierno, sino ellos mismos. A la mayoría le gusta saber que no todo está en manos de la maquinaria administrativa o corporativa.

La última de las cajeras en un supermercado se siente mejor si los clientes le preguntan y ella puede ayudarlos a elegir el producto. Tiene entonces la sensación de que su trabajo sirve para algo y de que controla, por lo menos, una parte de todo el tinglado. Idéntica preocupación se extiende al mundo corporativo: los ejecutivos funcionan mejor como equipo si se sienten partícipes de un proyecto.

¿El estamento político y administrativo centra sus esfuerzos en alcanzar ese objetivo? ¿O más bien en todo lo contrario? Se diría que la única ocasión en que se ocupan de la mayoría es cuando pueden penalizarla controlando, cada vez más, los movimientos de una minoría hasta no dejarlos ni respirar. Limitar la circulación en determinados tramos a 80 kilómetros por hora, luego a 60 y después, justo cuando se inicia una bajada que obliga a frenar, antes de que el control de radar grabe la supuesta infracción, a 40; porque así se le ha ocurrido a un déspota disfrazado de especialista de la circulación. ¡Y después otra vez a 60!

Si se dieran las circunstancias adecuadas, la mitad de los profesionales con un puesto de trabajo serían mujeres, hoy que el número de diplomadas supera ya al número de diplomados. Pero se sigue muy lejos de que esto ocurra; las que han conseguido un puesto de trabajo siguen sumidas en el desamparo por culpa de un sector público que no se decide a invertir sumas ingentes en guarderías infantiles y centros pedagógicos.

¿El estamento político se centra en ser más compasivo con la infancia y la juventud? ¿O más bien al revés? El discurso político prefiere, al contrario, fomentar el odio de clase y alimentar mediante información manipulada el dogmatismo histórico.

Dentro de muy pocos años, las enfermedades mentales constituirán ya el primer factor de preocupación social, pero, en lugar de introducir de manera masiva puntos de apoyo psicológico abiertos al público, se prefiere ignorar la información disponible sobre las depresiones o el suicidio, que siguen siendo temas tabú para la mayoría de los afectados.

Para perseguir las prácticas corruptas, se prefiere teatralizar los casos aislados de corrupción identificados en los tribunales especiales creados al efecto, en lugar de aplicar medidas de prevención, saneamiento e informatización del sistema judicial en su conjunto. ¿Qué es más urgente? ¿Qué está pidiendo la inmensa mayoría? ¿El mantenimiento de tribunales especiales como en los tiempos de la dictadura o la creación de centros modestos, pero especializados, en los que neurólogos, maestros y terapeutas atienden al público?

A la mayoría de la gente le importa tener la sensación de que ellos mismos controlan algo de su vida; de que pueden dejar, confiados, a sus hijos mientras las madres se incorporan al trabajo; de que se vela por disminuir los índices de violencia generalizando el aprendizaje social y emocional. Mientras que al estamento político parece importarle controlar las infracciones de una minoría, aunque sea a costa de dificultar los movimientos de la mayoría.

¿No sería más conveniente pertrechar a las generaciones futuras con las competencias necesarias para focalizar su atención, solventar conflictos, gestionar la diversidad de un mundo globalizado, sugerirles cómo afinar sus mecanismos de decisión, educar el corazón de los ciudadanos y no sólo su mente?

sábado, 27 de febrero de 2010

Tras esta crisis, lo próximo a corto plazo será otra crisis (José Luis Sampedro)

20 minutos.es (David Rojo 23.02.10)

Jose  Luis Sampedro

Inteligente, rotundo, crítico, lúcido, didáctico, social, divertido, certero, humanista. José Luis Sampedro es, a sus 93 años recién cumplidos, una referencia cuando se trata de analizar a fondo lo que está pasando. Es lo que antes, cuando existían, se llamaba un sabio.

¿Qué ha pasado para llegar a esta crisis?
Lo que ha pasado es que hubo un momento dentro de las rivalidades del siglo XX en el que los poderosos se alarmaron, en parte por los sucesos del 68, y hubo una reacción, con Thatcher y Reagan, que supuso el apoyo de una teoría económica, la de los fundamentalistas del mercado, que logró la desregulación extrema, que causó lo que ha pasado. Los economistas se han concentrado en lo financiero, es decir, son los que manejan el dinero. Y con la globalización se ha producido una transferencia de poderes: los gobiernos, que mejor o peor están controlados por la política, la democracia, etc., han sido sustituidos por unos financieros que actúan sobre una desregulación absoluta. No los controlan ni los gobiernos. Y entonces se producen los excesos.

Estamos en la descomposición del capitalismo hacia una situación de barbarie. Como en su día Roma.

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En España nos faltó la guillotina

Blanca Berasategui. El Cultural.es (26.02.10)

guillotina

Antes de que trescientos mil ejemplares de El asedio (Alfaguara) tomen el próximo miércoles las librerías de España, Arturo Pérez-Reverte se fue a navegar solo, “nada, fui a Ibiza y volví”, para pertrecharse de la soledad y los silencios que le van a faltar en la vorágine de promoción en la que ya está metido. Ha trabajado duro dos años, dice este marino lector “que ocasionalmente escribe novelas”. Dos años de ensamblaje, después de tanto ir y venir, y leer, y pisar Cádiz. Cuenta Pérez-Reverte que El asedio es una novela moderna con personajes y sucesos de dos siglos atrás. Con esa vehemencia imposible que se gasta, cuenta, como verán, muchas más cosas.....seguir leyendo....

miércoles, 24 de febrero de 2010

Trabajar más por menos (Joaquí Arriola)


Joaquín Arriola (Altereconomía 24/02/10)

En España hay 8,6 millones de pensionistas, 5,1 millones de los cuales son jubilados (el resto, viudas y huérfanos). 2,2 millones de pensionistas cobran menos de 500 euros de pensión, y menos de la mitad superan el equivalente al salario mínimo. En Euskadi la pensión media de los 491 mil pensionistas alcanza los 945 euros, frente a los 760 de la pensión media estatal.

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