sábado, 29 de enero de 2011
El nuevo socialismo y el compromiso de no tirar la toalla. (Y V) La ética de la responsabilidad como vehículo de transformación de los partidos...
jueves, 30 de diciembre de 2010
Las quejas de un neoliberal. Por rosa maría artal
Forges. El País
Empieza a ser francamente molesto que se nos acuse a los liberales de todos los males de la sociedad. Nosotros lo que adoramos es la libertad. Muchos políticos socialdemócratas ya nos han entendido. La economía solo funciona en libertad y esos ajustes que están resultando “impopulares”, subidas de precios, mercado laboral como debe ser -mayor rendimiento para nosotros que somos los que invertimos y menos costo- van en el buen camino. Es la única forma de que funcione la economía. La búsqueda egoísta del bien individual que decía el bueno de Adam Smith repercute al final en una mejora de toda la sociedad. No somos “malos”, y resulta ya más que irritante esta incomprensión, todo lo hacemos por el bien nuestro naturalmente, pero igualmente por el bien de ellos.
Una persona que recibe ayudas y subvenciones, bien pagada, con buenos servicios, carece de estímulos y no progresa. Se duerme a la bartola. No, no puede ser, la sociedad mejora en la precariedad. Uno tiene que buscarse las castañas. Nada te lo dan hecho, bueno, salvo la herencia de papá quizás, que sí, viene bien. Pero siempre ha habido clases ¡no te fastidia! Algunos de éstos que hoy se quejan, si espabilan, gozarán del mismo éxito que nosotros.
Vergara.Público
El negocio es lícito ¡faltaba más!, es la esencia del ordenamiento económico. Hay grandes posibilidades de beneficio en multitud de sectores que la izquierda fracasada se empeñó en gestionar para todos, y tan mal en muchos casos. El espacio aéreo, las loterías, las agencias de colocación, máxime ahora que hay tanto paro. Menos mal, ya digo, que Zapatero y su gobierno, al menos, lo han entendido. Se juegan mucho en realidad. Nos debe dinero. No importa por qué, los problemas se acometen tal cual están, no en su génesis. No es rentable la pérdida de tiempo. Y, vale, sí, rescataron el sistema financiero con fondos públicos ¿Pero qué hubieran hecho sin nosotros? Todo se hubiera ido a pique. Y ahora hay que pagar, con el dinero no valen los sentimentalismos.
El Roto. El País
¿Que nos aprovechamos de contactos y amistades para obtener contratos? Naturalmente, el liberal se encontró a sí mismo el día que descubrió la familia, los amigos y las tradiciones. Y, sí, ¿Para qué vamos a pagar más impuestos si podemos pagar menos? Cualquiera en su sano juicio lo haría.
Fontdevila. Público
Hay críticos incorregibles que nos atribuyen el que haya gente que se muere de hambre, o que tenga que apretarse el cinturón ¡Que espabilen! Y si no sobreviven tampoco es un problema fundamental, y tiene la ventaja añadida de que ya no forman parte de la ecuación perfecta.
Porque la economía es el sistema, dejémonos de historias. Es un modelo matemático perfecto. Todos esos países que se han ido a la mierda por aplicar nuestras teorías lo han hecho por desviarse de la excelencia. Todos, todos, los países siguen estando demasiado regulados. El Estado tiene que estar para pagarnos cuando hay fallos, pero poco más, es una traba para el desarrollo, para el negocio.
Y, sí, debo admitir que el modelo matemático perfecto a veces comete errores porque no contamos con un factor muy irracional: el humano, que tiene un comportamiento variable, no exacto como debe ser.
Elrich. El País
Vamos, que algunos asalariados si no disponen de un empleo, dinero para comprar, a veces, en lugar de espabilar por sí mismos, entran en protestas y violencia. No rodos claro está, la mayoría no, pero hay algunos muy intransigentes. Y llegan a meter miedo a los políticos que en algunos casos terminan hasta por achantarse y rectificar. Ay, el miedo es una herramienta esencial para aplicar las reformas. Hay que amedrentar más a esos eslabones entre nosotros y el pueblo. Hacerles ver que rescatamos el país en un pis pás y entonces sí va a saber toda esa chusma lo que vale un peine. Lo han entendido bien. Saben además que si la cosa se pone fea realmente, tienen que prescindir del coche oficial, las comidas, los viajes, los teléfonos, las reverencias. Ahora ya, casi todos con poder, son de los nuestros. Es muy fácil aplacar las iras del populacho: se reprimen. Hasta donde haga falta.
Fontdevila. Público
La mala fama, de todos modos, también nos viene de los abusos de nuestra gente. Oye, que les abres la bolsa y algunos entran a saco. Se llevan el dinero a manos llenas. Ha pasado tantas veces, en Chile que tan bien nos estaba saliendo, en Rusia… La gente no es problema sustancial, se les enchufa la tele, los periódicos, los anuncios, se les brinda todo lo que podrían tener y ni se enteran. Unos pocos solo, y ya digo, se les reprime y santas pascuas. En el fondo, hemos sido nosotros mismos con la avaricia y la corrupción quienes más de una vez hemos fastidiado el sistema. Es el factor humano, ya digo. Un problema, por el momento, irresoluble ¿Cómo se podría erradicar?
Da disgustos esta gente que se queja. Bueno, molestias, como decía, tampoco vamos a exagerar. Menos mal que ya viene la parienta del super con las botellas de Moet Chandon, los jamones de pata negra, los corderos enteros. ¿Quién no quiere cenar así en Nochevieja? Que espabilen. Desde luego, rechazo taxativamente que sea nuestra la culpa que nos atribuyen.
El Roto. El País
domingo, 12 de diciembre de 2010
¿A quién benefician las últimas medidas económicas del Gobierno?
¿A quién benefician las últimas medidas económicas del Gobierno?Miguel A. Luque Mateo – Universidad de Almería (Attac 12/Diciembre/2010)
El caos aeroportuario y el estado de alarma han impedido un debate sosegado sobre las últimas medidas aprobadas y anunciadas por el Gobierno con el repetido propósito de dar confianza a los mercados, fomentar la actividad empresarial y el empleo y bajar los impuestos. Entre otras, destacan: a) la supresión de las ayudas de los 426 € a los desempleados sin ninguna cobertura; b) la privatización parcial de AENA y “Loterías y Apuestas del Estado”; c) la subida del impuesto sobre “el tabaco”; d) la rebaja en el Impuesto sobre Sociedades; e) la eliminación de la exigencia del mantenimiento del empleo para la aplicación de determinados beneficios fiscales; f) la exención tributaria de las operaciones de creación y capitalización de empresas; g) la supresión de la obligatoriedad de pagar a las Cámaras de Comercio; h) la agilización en la constitución de sociedades; i) la eliminación de la obligatoriedad de publicar en la prensa escrita los actos adoptados por las sociedades.
En mi opinión, estas medidas no son las más idóneas para los objetivos previstos. En realidad constituyen un nuevo retroceso del Estado del bienestar ante la presión de la oligarquía política-económica-bancaria que se esconde detrás de eso que llaman “los mercados”. Seguidamente expongo algunas razones:
Difícilmente puede fomentarse la creación de empleo eliminando la exigencia de que las empresas tengan que mantener el empleo para poder aplicarse determinados “beneficios fiscales”, como la libertad de amortización para inversiones nuevas y un tipo de gravamen reducido del 20%. ¿Se premia el despido? Además, hace un año se adoptaron similares medidas y las consecuencias son conocidas: aumento de medio millón de personas paradas y de 155.800 hogares más en los que todos sus miembros activos se encuentran en paro.
Los impuestos, en general, no se bajan. Sube el “del tabaco”, que es indirecto y más injusto (aunque se disfrace de medida sanitaria) y sólo disminuyen los de las medianas y grandes sociedades -no tanto los de las pequeñas-, salvo que por pequeña se entienda la que presenta 1.700 millones de volumen de negocio y 50 millones de beneficio neto (de las antiguas pesetas). Además, serán las Sociedades Anónimas y las que cotizan en bolsa las verdaderas beneficiadas de la ampliación del régimen de libertad de amortización para inversiones nuevas, la exención en el Impuesto sobre Operaciones Societarias, la eliminación de la pertenencia obligatoria a las Cámaras de Comercio y la supresión de la obligación de publicar sus actos en los periódicos.
- Se privatiza lo poco rentable que queda: la mitad de la última joya pública empresarial –AENA- y el 30 % de “Loterías y Apuestas del Estado” a cambio de un precio que no llega ni a 15.000 millones de euros. Sin entrar en la discutible cuantía o en la previsible destrucción de empleo, se renuncia a la obtención de unos ingresos patrimoniales anuales, que pasarán a los bolsillos de esa oligarquía.
Por otro lado, la eliminación de la ayudas de 426 € para los parados sin ninguna prestacióncondenará a la marginación, la delincuencia o la beneficencia a cientos de miles de personas. (Adviértase que el dinero público facilitado a los bancos podría prorrogar más de 175 veces estas ayudas).
Se ha derrumbado el estilo de vida y de economía basado en la especulación inmobiliaria y el endeudamiento a todos los niveles. Pero, mientras esa oligarquía bancaria-económica-política ha “enjuagado” sus pérdidas con las “mil millonarias” ayudas públicas concedidas, los ciudadanos y las pequeñas empresas se encuentran en una situación insostenible, sin acceso al crédito. Además, se han subido los tributos que afectan a la mayoría de la población (IVA, IRPF, Impuestos sobre las “gasolinas” y el “tabaco”, tasas, etc.), y se le han bajado a los más ricos –Patrimonio, Sociedades, SOCIMI, SICAV-. Por último, con la amenaza de no comprar la deuda pública existente en gran medida por haberlos ayudado, esa misma élite exige el desmantelamiento y el desprestigio de lo público (congelación de las pensiones, aumento de la edad de jubilación, reducción del sueldo de los funcionarios, eliminación de la retroactividad en prestaciones por dependencia, supresión del cheque bebé, recorte de la inversión y de las ayudas públicas, abaratamiento del despido, etc.) con el objetivo de privatizar cualquier parte del pastel que les pueda ser rentable (planes de pensiones, sanidad, transportes e infraestructuras, educación, juego, intermediación en las ofertas y demandas de empleo, etc.).
Ante este situación no podemos quedarnos impasibles. Exijamos a) la supresión de los privilegios de los políticos, de forma que lo que aprueban a los demás les afecte a ellos mismos (piénsese que un diputado o senador opta a la pensión máxima con 7 años en el cargo, mientras que un trabajador necesita 35); b) la declaración de patrimonio obligatoria para todos, evitándose los testaferros; c) la eliminación de los paraísos fiscales, y d) el establecimiento de un impuesto a las transacciones financieras. Presentemos una respuesta unida ante cualquier nuevo recorte para no tener que parafrasear la expresión: “vinieron a por los pensionistas y como yo no era pensionista no hice nada, vinieron a por los trabajadores y como yo no era trabajador no hice nada, vinieron a por los funcionarios y como yo no era funcionario no hice nada, vinieron a por mí y ya no quedaba nadie para protestar”.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Noam Chomsky y las 10 Estrategias de Manipulación Mediática
Noam Chomsky y las 10 Estrategias de Manipulación Mediática
1. La estrategia de la distracción
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones
3. La estrategia de la gradualidad
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
9. Reforzar la autoculpabilidad
domingo, 21 de noviembre de 2010
Irlanda como ejemplo (Juan Torres López)

| Irlanda como ejemplo |
Durante muchos años el "ejemplo" irlandés estuvo de moda y se ponía constantemente a los demás países: la política de bajos impuestos sobre el capital (casi la mitad de la media europea), la amplia liberalización de la actividad económica y las privatizaciones, la moderación salarial y las grandes facilidades a los capitales para que pudieran actuar a su antojo se consideraban la clave de su éxito y lo que debería hacer cualquier otra economía que quisiera ser tan próspera y dinámica como el "tigre celta" de entonces. Claro que se estaba hablando de un éxito que solo se medía por el incremento vertiginoso del PIB pero no en disminución de las desigualdades o de la brecha de los estándares de bienestar del país respecto a la media europea. |
jueves, 4 de noviembre de 2010
ECONOMISTAS NEOLIBERALES (Juan Torres López)
ECONOMISTAS NEOLIBERALES (Juan Torres López)
La propuesta de reforma de nuestro sistema de pensiones que ha realizado un grupo de 100 economistas (la verdad es que todos ellos con un curriculum profesional muy brillante en sus respectivas áreas de especialización, aunque la mayoría claramente escorados en sus principios y perspectivas de análisis hacia los postulados neoliberales que están de moda desde hace tiempo) está empezando a mostrar no solo lo que puede haber de válido en su razonamiento sino también, como es lógico que ocurra, sus errores y limitaciones.
domingo, 22 de agosto de 2010
La Economía: ¿pseudo ciencia?..Roberto Follari
La Economía: ¿pseudo ciencia? Roberto Follari (El Catoblepas • número 10 • diciembre 2002 )Se concluye que la Economía es una ciencia a pesar de que muchos economistas, o algunos así autodenominados,no merezcan el nombre de científicos.
Todos los conocemos hasta el hartazgo: sus lugares comunes, propuestos como si fueran el efecto de una construcción científica, nos bombardean todos los días por la TV, y aún por la prensa escrita. Con la insistencia machacona de quien repite un dogma religioso, los vemos asumir pretensiones de expertos, y recomendarnos por enésima vez las recetas esperables, ésas que ya conocíamos antes de que las propusieran, y que son las mismas que ya les escuchamos mil veces, para los mismos problemas o para otros diferentes y aún opuestos. Nada importa, siempre se recomendará lo mismo: «hay que desregular la economía», «todos los males provienen de la intervención estatal», «hay que profundizar el ajuste», «hay que disminuir la presión tributaria», «se debe flexibilizar las condiciones laborales», «es necesario disminuir las cargas patronales»... ¿Las oyó alguna vez, verdad?
Los supuestos especialistas que enuncian estas estereotipadas soluciones antes de enterarse de cuál sea el problema, son por demás conocidos, ya que sus rostros nos asaltan por la pantalla chica todos los días. Conocemos a los internacionales, y siempre existen opacos epígonos locales. Pero poco importan sus nombres: nadie los extrañará cuando no estén, dado que son todos mutuamente calcados, y da exactamente lo mismo quién hable. Ninguno de ellos es capaz de establecer no digamos ya una heterodoxia, sino siquiera un matiz dentro del tedioso credo neoliberal en boga.
La epistemología –por fortuna– ha reflexionado acerca de qué puede llamarse conocimiento científico, y ofrece algunos criterios para deslindar a este del sentido común, la pura ideología, o la charlatanería vacua. Por ejemplo, el muy célebre Tomas Kuhn, en su La estructura de las revoluciones científicas, dejaba claro que en una toma de posición científica (lo que él llamara un «paradigma») existen supuestos extrateóricos, preconceptuales, que forman parte del horizonte de sentido de un momento dado, y dan su impronta a las teorías. Es decir: que no se adhiere a un punto de vista sólo por motivos racional/conscientes, sino también porque éste se ha «naturalizado» según el modo de ver hegemónico en un momento de la realidad social.
Siendo así (y los argumentos de Kuhn al respecto no son fácilmente refutables, basado en el caso de ciencias físiconaturales), habrá que sospechar que el repetitivo repertorio de los economistas a la moda: 1. No es neutro ni puramente objetivo, ya que ningún conocimiento lo es, menos aún en el plano de los hechos sociales; 2. Que ese punto de vista que se asume en la teoría, se corresponde con las formas de apreciación dominantes en el campo social. La tercera conclusión ya no es kuhniana, sino hija de lo enseñado desde las ciencias sociales: el punto de vista que predomina en la sociedad global es el de los sectores con mayor poder de capital económico y simbólico. De ello se deriva que las premisas supuestamente científicas de estos economistas clonados en sus conceptos, representan en realidad el punto de vista de los económicamente poderosos, de los beneficiados con la globalización capitalista.
Por supuesto, nuestros «expertos» tampoco han estudiado a filósofos de la ciencia como G. Bachelard, quien demostró largamente que la ciencia habla de lo real desde una teoría. Eso significa, que nunca describe lo real «tal cual es», sino que hace sólo una determinada interpretación. En cambio, ellos nos llaman a un supuesto realismo, según el cual las cosas son como ellos las proponen, inequívocamente. No parecen ni sospechar que representan sólo un punto de vista entre otros. Porque además de los liberales, han existido en economía los neoclásicos, los alentadores de la demanda como Keynes, los marxistas como Samir Amin. No hay solamente una teoría económica, y el habitual recetario en boga olvida que debiera dar cuenta de la provisoriedad de sus propios postulados, y obligarse a establecer explícitamente los argumentos que servirían para refutar teorías alternativas.
También –por cierto– las ciencias sociales no suelen incluir leyes causal-determinísticas (es decir, con probabilidad de ocurrencia 100%), sino tendencias. No puede hablarse de economía como si fuera una ciencia exacta. La economía –incluso la liberal– fue desde sus inicios economía política. Las supuestas leyes, operan (sólo probabilísticamente) mientras se mantengan las condiciones sociopolíticas en que funcionan. La teoría neoliberal (que no otra cosa es lo que repite la vulgata económica massmediática), no sirve para entender el funcionamiento del feudalismo, como no sirvió para comprender al denominado socialismo real. No señala las condiciones universales del funcionamiento económico, sólo es una interpretación del capitalismo, y por cierto, útil sólo para ciertas fases de éste (antes del recetario actual, se imponía el credo del Estado benefactor e intervencionista). Por ello, cuando se pretende estar sentando cátedra definitiva sobre muchos temas, se debiera advertir que apenas se está respondiendo a propuestas que tienen alcance limitado, en el tiempo y en el espacio, en cuanto a su posible validez.
Otro reconocido epistemólogo, Karl Popper (quien –por cierto– fuera un entusiasta defensor de los neoliberales), propuso su célebre «criterio de demarcación» para diferenciar ciencia de pseudociencia. Ello estaría dado por la puesta a prueba, vía de la experiencia, de las previsiones de la teoría. La que fallara –aunque fuera sólo en un caso– sería declarada falsa. Y la que simplemente no pudiera ser puesta a prueba, porque sus posiciones fueran tan generales que no resultara posible someterlas al tribunal de la experiencia, sería pseudociencia.
¿Cómo clasificar –de acuerdo con Popper– a nuestros desprevenidos economistas? Se ha mostrado hasta el hartazgo el fracaso de sus previsiones. ¿O acaso no se supone que los latinoamericanos íbamos hoy a estar en el Primer Mundo? (¡Y véase dónde estamos!) ¿O acaso si uno se sienta a tomar un café en un bar –en el caso argentino–, no nos interpelan hoy decenas de mendigos y precarios vendedores, cosa que ocurría mucho menos hace apenas una década? ¿Acaso no estamos –como regalo del neoliberalismo en todo el subcontinente, combinado con hipercorrupción– con acuciantes problemas de seguridad que nos llevan a vivir entre rejas, cuando la Latinoamérica del atacado Estado intervencionista era uno de los espacios más seguros del mundo?
El desastre de pobreza, desocupación y marginalidad actual, es fruto de las políticas neoliberales, como todo el mundo sabe a partir de sus responsables específicos en cada país. Sin embargo, ingeniosas piruetas retóricas permiten a los «expertos» echarle la culpa al exceso de presencia estatal. «Los problemas del liberalismo –proclaman insólitamente– se solucionan con más liberalismo.» De modo que producen desastres, y luego culpan a sus adversarios. No se hacen cargo de sus responsabilidades por las políticas de los últimos años (a las que han apoyado y promovido explícitamente), sino que siempre el problema es que subsiste –¿quizá ya lo adivinó Usted?– «exceso de gasto estatal». Y como aún no privatizamos la Casa de Gobierno o la actividad policial, siempre podrá decirse que hay un cierto monto de gasto estatal, y consecuentemente argumentar que resulta inevitablemente abultado y excesivo, de modo que se podrá en toda ocasión e invariablemente «demostrar» que esa es la causa del conjunto de nuestros males.
Ya Franz Hinkelammert, en su libro Crítica de la razón utópica, mostró estos mecanismos perversos en las supuestas explicaciones de los neoliberales, que hacen a su teoría imposible de refutar, ya que ningún hecho adverso parece ser asumido para negarla. Eso exactamente es pseudociencia –falsa ciencia–, según Popper; un autor, por cierto, afecto a un tipo de epistemología en la que tal vez creerían reconocerse muchos de nuestros «expertos».
Lo mismo sucede respecto de tantos otros dogmas que los videoeconomistas sustentan. Por ejemplo, que la primer libertad es la de mercado, y que por tanto libre mercado sería sinónimo de democracia. Pero sabemos que Pinochet fue quien con su sangrienta dictadura impuso el primer ensayo neoliberal en Latinoamérica. A pesar de ello (y contra toda evidencia) se sigue repitiendo el mensaje. También se afirma que la corrupción desaparece con la liberalización económica, como si no hubiésemos visto una monumental megacorrupción en los procesos de privatización argentinos o mexicanos, y tal corrupción no implicara siempre a un sector privado junto al funcionario estatal. En fin; pretenden pasar por ser la propuesta más renovadora, cuando sus representantes máximos (Tatcher y Bush) hace largo tiempo que están enterrados fuera del suelo político: en realidad, nuestros autores «se quedaron en el 89», y repiten la sobreutilizada letanía de la caída del Muro. Otro caso: nos enseñan cómo seguir el siempre laudatorio ejemplo de los Estados Unidos y su supuesto libre mercado absoluto, cuando todo el mundo conoce de los subsidios otorgados en ese país a sus productores agrícolas (uno de cuyos perjudicados –dicho sea de paso– somos los latinoamericanos con nuestras exportaciones).
Por fortuna, la economía es mucho más que esta superchería que durará mientras dure el auge del gran capital que la sostiene. Hay en la teoría económica presencia de pensamientos complejos, nociones alternativas y disímiles, ideas sobre la articulación entre lo social, lo político y lo económico (ver por ejemplo, los trabajos de Klaus Offe, o los del Premio Nobel Amartya Sen). Ciertamente, la economía es una ciencia. Como tal, está hecha de teorías variadas, de constataciones empíricas y de preguntas abiertas. Y se sostiene a pesar de que muchos economistas –o algunos que así se autodenominan– no merezcan el nombre de científicos.
